Desde Alicante, Vientos Moderados del Este se posiciona como una de las propuestas más audaces del rock progresivo nacional con su debut, Un Manual de Signos y Síntomas. Formado por Pablo Mateo, César Espí y Paco Esclapés, este trío ha convertido su rica trayectoria en una fuerza creativa que desafía los límites de los géneros musicales. Con influencias que van desde King Crimson hasta Supertramp, su álbum es un viaje sonoro y emocional que mezcla jazz, groove, electrónica y art rock. En esta entrevista, exploramos el universo musical de la banda, sus influencias, sus reflexiones sobre el panorama actual y lo que nos espera en su prometedor futuro.

Enhorabuena por el lanzamiento de Un Manual de Signos y Síntomas. ¿Cómo describiríais el proceso creativo detrás del álbum y qué significa para vosotros como banda?

Los tres somos muy distintos en nuestros gustos musicales, tanto que ninguno podría imponer sus ideas de un modo categórico sin que acabáramos los tres a hostias o tocando a disgusto. Pero esta fricción es precisamente la esencia creativa de la banda. En VMDE se prueba todo, cualquier idea es buena, y se descarta o acepta del modo más riguroso posible, para que no quede ninguna duda de su valía. Por suerte, nuestras personalidades son extremadamente compatibles, lo que nos permite crear ambientes creativos sanos y muy democráticos. Durante toda la grabación del disco nos hemos sentido realizados, escuchados y comprendidos entre nosotros el 70 u 80% del tiempo, por eso, lo que suena es verdaderamente lo mejor de cada uno. El resto del tiempo nos lo hemos pasado peleamos como niños: portazos, gritos, silencios incómodos, ese tipo de cosas. Algo natural entre músicos, por otra parte…

Vuestra música tiene referencias claras a grandes nombres del rock progresivo como King Crimson o Supertramp. ¿Qué otras influencias, musicales o no, han marcado vuestro sonido y estilo?

Comenzamos a hacer música experimental y progresiva para acomodar ideas muy dispares en las composiciones, sin querer centrarlas tampoco en ningún estilo en particular, y esperando que, de algún modo, se empastasen solas. Los tres veníamos de bandas muy encorsetadas, grupos muy dependientes de estilos que acabaron siendo una soga al cuello cuando se introducían cambios. Por eso, nuestra idea desde el inicio fue meter todo nuestro bagaje musical en una batidora, abrir la boca, y tragarnos lo que saliera sin rechistar. Pablo venía de tocar flamenco, noise o power-pop, César jazz, funk o pop, y Paco heavy metal y rock. El formato free form nos cayó a los pies como el contenido de una piñata que has reventado al tercer o cuarto palazo al aire. Por otra parte, hemos tenido que aprender mucha teoría musical para que las canciones no parecieran pegadas como cromos en un álbum, lo cual sigue siendo lo mejor de todo el proceso creativo.

El título del disco es intrigante. ¿De dónde surge y cómo se conecta con las letras y los conceptos que desarrolláis en él?

Es un disco oscuro. Las letras tratan temas existencialistas, la idea de colaborar con lo inevitable, el eterno retorno, la muerte, el rencor… “El discurso de despedida”, por ejemplo, es el speech que darías a tu jefe si pudieras largarte sin más de un curro que odias, lamentablemente, ese discurso sólo queda en una fantasía de camino al trabajo. Proxémica, aunque sea instrumental, evoca musicalmente la repulsión al contacto físico que hubo durante la pandemia; Vasilisa y la bruja, retrata una versión sangrienta de la Cenicienta en la que la inocencia sólo provoca abusos y reacciones desmedidas; “Te hace falta un escarmiento”, habla sobre descubrir que alguien cercano pretende hacerte daño y la necesidad de devolverle el golpe lo antes posible; y, “No habrá paz para los vencidos”, cuenta la historia de un soldado que acaba cogiéndole el gusto a matar. El disco entero es “un manual de signos y síntomas”; situaciones psicológicas muy comunes que, por lo general, desembocan en finales impredecibles. Los extraños seres en el balneario de la portada son, de hecho, una representación lúgubre de esas emociones.

En un mundo dominado por el streaming y las listas de reproducción, ¿cómo encaja una propuesta como la vuestra, que requiere una escucha más pausada y profunda?

La escucha activa y la pasiva conviven en igualdad de condiciones. Nada le impide a uno sentarse a escuchar un disco con calma, bucear en la historia de una banda o interesarse por un género en particular, si no lo hace es porque hay tanto de todo que el proceso de descubrimiento ha terminado por romperse; cuanto más fácil, barato y accesible es algo, menos interés despierta. La música no es sólo “esto me gusta o esto no”, la música es cultura, educación, descubrimiento, rictus, disposición, inquietud, comunión, sublimación, exploración. Todo aporta y todo enriquece, pero el consumo de música actual parece haberse reducido a un ámbito más funcional: música para cocinar, música para el gimnasio, música para bailar… En otras palabras, música genérica sin cara, ni nombre, ni historia detrás… Esto elimina la curiosidad y relega la escucha a un elemento eminentemente práctico. Tal vez sea por eso por lo que el gusto masivo es tan genérico y seguramente por eso cueste tanto encajar contenidos más elaborados. Por eso, parece que el streaming ha conseguido que las generaciones más jóvenes no tengan interés en descubrir nada fuera del algoritmo. A nosotros, no obstante, no nos importa demasiado, porque lo que hacemos lo hacemos pensando en nosotros; si luego le gusta un puñado de loc@s más, pues fantástico.

El amor y la introspección parecen temas recurrentes en el rock progresivo. ¿Cómo abordáis estas emociones en vuestras composiciones?

Nunca hablamos de amor. Los vaivenes del corazón son difíciles de encajar en una letra sin tocar docenas de tópicos millones de veces recorridos por un infinito número artistas. Con la introspección nos pasa igual; hablar de tus miserias de un modo muy directo suena a excusatio non petita, acusatio manifiesta. A la hora de abordar temas preferimos las reflexiones personales, la interpretación de cuentos, o las angustias del día a día que se puedan contar sin dan lecciones ni usando recursos poéticos pretenciosos. No obstante, la letra es siempre lo último en llegar a las canciones; primero construimos la pieza instrumental, después le buscamos una melodía y, muy al final, le damos un sentido a con un relato que, muchas veces, es sugerido indirectamente por la música.

Hablando del presente, ¿qué opináis del auge del reguetón y su impacto en las tendencias musicales actuales?

A lo tonto, el reguetón lleva casi 25 años instalado de forma incorrupta en la pituitaria del personal. Y tiene mérito, porque nunca un estilo ha conseguido permanecer indeleble tanto tiempo sin mezclarse o caer en lo minoritario. En realidad, el reguetón no es más que la idea del anti-músico llevada un paroxismo delirante; la dictadura de la mediocridad en la que vivimos estos días. De hecho, es perfecto para dar acomodo a una mayoría de artistas con muy poco talento, pero tan motivados que se convierten rápido en legión. Que este tipo de música guste y siga funcionando es debido a que las discográficas lo aplauden, las redes sociales lo acomodan, y el público en general se lo traga porque no tiene escapatoria. En condiciones normales el sistema lo hubiera deglutido de forma natural en pocos años; pero, por desgracia, y tras 25 años de infección ininterrumpida, lo que ha sucedido es que el nivel intelectual medio de la población ha descendido a niveles del inframundo. No nos engañemos. La gente disfruta del reguetón como disfruta de cualquier otro placer culpable, y lo peor de todo es que ya se instalado como banda sonora regular en cualquier tipo de contexto; desde las fiestas del pueblo, a las discotecas de moda o en el hilo musical de una clínica veterinaria. Por eso, el reguetón encarna perfectamente el tono genérico que tiene todo hoy día, no sólo la música, también el cine o los videojuegos. La “era digital” ha traído prosperidad sólo a un puñado de ejecutivos sinvergüenzas y a un montón de mangurrianes clónicos sin ningún talento. Y, por desgracia, a ninguno de estos desgraciados les importaría ver arder el mundo arder si con ello se suman unos cientos más a sus cuentas corrientes. En condiciones normales pediríamos una quema masiva de discos de reguetón en una plaza de toros; pero tampoco hay discos para quemar…

La inteligencia artificial está ganando terreno en la música, desde composiciones hasta producciones. ¿Cómo veis su papel en el futuro del arte y en vuestra música en particular?

Parece que todo lo relacionado con la IA tuvo un boom sideral que parece haberse frenado un poco ahora. ¿Quién sabe? Esto también podría acabar siendo un “pluf”, como ya pasara con los metaversos y todas las super tecnologías que venían a reinventar el mundo. Al final, la evolución de la IA va a depender mucho de la caterva de lunáticos que la están controlando, por lo que es posible que los efectos los notemos más a nivel de consumo y no tanto en una evolución real de lo “artesano” o “tradicional”. La IA ayuda con el trabajo pesado, pero por el momento no es capaz de remplazar creativamente al ser humano; y es posible que eso no suceda nunca. No cabe duda de que debemos convivir con lo inevitable, y que esto ha llegado para cambiar las reglas del juego. Todos acabaremos usándolas en mayor o menor medida (de hecho, la portada del disco está hecha con la IA…), pero dudo que las inteligencias artificiales consigan instalarse en los procesos creativos musicales. Si esto pasara, sin duda, se rompería el hechizo y comenzaría la era del producto musical “perfecto”; aunque es posible que esto esté pasando ya.

Como banda emergente, ¿qué creéis que es lo más complicado de abrirse camino en el panorama musical actual? ¿Qué consejos daríais a otros músicos que están empezando?

El panorama actual está muy dominado por los homenajes, las bandas de versiones y la música urbana; además del streaming, el exceso de oferta, la falta de interés por la música incipiente, la total ausencia de respaldo público o privado, y el festival como única pasarela al éxito. Créenos, llevamos en esto desde principios de los ´90. Nadie quiere ser músico porque: Uno: no es un trabajo; dos: no da dinero; tres: es muy sacrificado; y cuatro: es tan seguro como ser torero, explorador o aventurero. Sin embargo, y aquí viene lo bueno, en el momento en que eliminas de la ecuación la inquietud por la fama, el éxito o el dinero, aparece mágicamente ante ti el amor puro por la música y el trabajo en equipo. Es justo ahí cuando todo cobra sentido. Poner en marcha una banda, grabar un disco y tocar en directo es jodido; jodido por los egos; jodido por las frustraciones que apareja tener una afición tan cara; jodido porque es imposible que nadie se acuerde de ti en un mundo que va a tanta velocidad; y jodido porque es muy difícil sostener un proyecto sin un propósito solvente. El consejo de VMDE para las nuevas generaciones es el siguiente: ¡Mándalo a la mierda todo! No hay nada parecido en esta vida a componer canciones junto a otras personas ni a ver crecer un proyecto que se sostiene en elementos tan puros como el aprendizaje, la camaradería, el afán de superación personal y la experiencia espiritual colectiva. No todo el mundo puede hacer eso. En cierto modo somos privilegiados. Por eso, cuando bateas el plato en busca de oro y filtras poquito a poquito toda la mugre, la pepita que queda sobre la bandeja es tan valiosa que no te va a importar nada lo que pase después. Ese pedacito de oro, mi querido amigo, ya es tuyo.

Habéis mencionado la posibilidad de llevar vuestra música a los escenarios. ¿Qué podemos esperar de un concierto de Vientos Moderados del Este y cuáles son vuestros próximos planes en directo?

Nos resultaba imposible llevar esta música al directo. Todos hemos tocado varios instrumentos en el disco y la mayoría de los temas se han elaborado como una banda de estudio. Esto ya les pasó a Steely Dan o a los Beatles; si te centras en hacer música muy orfebre, después no vas a poder defenderla sobre un escenario. No obstante, al ver que el disco ha gustado y que ha recibido tan buenas críticas, pensamos que la mejor idea era ampliar la banda con músicos profesionales para poder dar el paso al directo y, de paso, revivir la sensación indescriptible de tocar en vivo. Ha sido entonces cuando han entrado al grupo Tito Díaz (batería) y Gerardo Lescano (bajo). Por fortuna, el resultado ha sido tan atómico que vamos a grabar el siguiente disco como quinteto. El único problema ahora es que César ha pasado de la batería al piano demasiado rápido, y en ese movimiento prohibido parece que ha contraído “la maldición de Phil Collins” que, como todos sabemos, consiste en desarrollar una alopecia galopante en la zona de las entradas. Veremos qué pasa…

Por último, para los que siempre buscan nueva música, ¿qué artistas o discos actuales nos recomendaríais y qué esperáis del futuro de Vientos Moderados del Este?

En 2025 empezaremos a dar conciertos en Alicante para presentar este disco y, en algún momento, empezaremos a grabar el siguiente, del cual tenemos ya 5 temas compuestos. Aún no tenemos nada cerrado porque queremos que lo que suene encima del escenario le ponga a la gente los pies para atrás. Queremos componer un par de piezas todos juntos porque, además de buenos músicos, Tito y Gerardo son también compositores; lo que nos vuelve a acercar inquietantemente a Genesis y a la maldición alopécica del tío Phil. Por lo pronto, este segundo disco va a ser mucho más monumental que el primero, con más inquietudes dentro de la batidora como punk, soul o jazz fusion, y con un grado de arreglo, seguramente, enfermizo. En cuanto a escucha de grupos actuales, no podemos más que recomendar a nuestros queridos compañeros de sello discográfico (Astronomy Recording Music), verdaderas joyas que esperan ser paladeadas por todos los amantes del prog y la música deliciosamente bien elaborada; entre ellos Zopp (neo-Canterbury), Javier Miranda (electrónica-ambient), Román Gil (rock sinfónico) o Magik Brother & Mystic Sister (space-rock), que no son del sello, pero sí la hostia. Y si apreciáis vuestro tiempo, no escuchéis a Lenny Kravitz ni vayáis a ver a Oasis.

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