Con Negro Fosforito, Monstruo Laberinto presenta un debut que convierte la idea de “música oscura” en un territorio propio: cuando buscas el negro en la penumbra, aparece lo fosforito. El disco nace desde el folio en blanco y se construye a medias, dejando que la intuición y el error marquen el camino hasta un resultado sorprendentemente luminoso en su sombra.
La referencia es amplia —de The Cure a Fever Ray, de Beach House a Massive Attack—, pero la creatividad se impone: las canciones acaban siendo exactamente lo que saben hacer, aunque no supieran que lo sabían. La producción es deliberadamente artesanal, prescinde de instrumentos virtuales y apuesta por cajas de ritmos, sintetizadores, guitarras, percusiones, voces y una obsesión por los pedales y la manipulación en tiempo real.
En las letras conviven concisión y fluidez: tocar hueso cuando hace falta y dejar que las palabras se deslicen sin costuras cuando la música lo pide. Con la voz como eje conductor, “Negro Fosforito” prioriza la canción por encima del artificio y se revela como un álbum menos enrevesado de lo esperado, pero más honesto y magnético.
Un debut que zarpa sin manual de instrucciones, dispuesto a dejar que el mundo termine de escribirlo.
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